Hay marcas cuya estrategia en redes sociales consiste en usarlas como si sólo fueran un escaparate: foto del producto, otra y, después… sorpresa: otra foto del producto. Y claro, aburren.
Las redes no están para repetir lo mismo, sino para contar, enseñar y conectar. Para mostrar lo que haces, sí, pero también por qué lo haces y qué hay detrás.
Si solo hablas de ti, terminas siendo como esa amiga que solo sube selfies con morritos. Al principio la miras, luego pasas de largo. Después de un tiempo, dejas de seguirla. Porque no genera interés, no hay contenido que te haga volver.
Una comunicación inteligente equilibra el mostrar con el aportar. No se trata de dejar de enseñar tu trabajo, sino de hacerlo con contenido que aporte valor: cómo se hace, quién está detrás, qué problema resuelve, qué historia cuenta.
Eso convierte una publicación en algo más que una foto de tu producto: la convierte en una historia. Y las historias generan confianza.
Las redes no son para insistir, sino para interesar. Y, para interesar, hay que decir algo que merezca la pena leer: una idea, un consejo, una curiosidad o, simplemente, algo que te haga sonreír.
Porque comunicar no es intentar vender. Es mantener viva una conversación.
Así que, antes de publicar, mírate el feed: ¿estás haciendo un selfie con morritos de tu producto o estás contando algo? ¿Estás aburriendo o compartiendo tu forma de ver el mundo?
La diferencia se nota. Y mucho.
Estudio 1969. Expertos en comunicación y diseño gráfico. En Ávila, a la vuelta de la esquina.
